a) Capacidad de cultivar la experiencia de la trascendencia religiosa individual y de la intimidad religiosa a través de la oración. Así como la vivencia del amor tierno y solícito de María, la Inmaculada Niña, que siempre nos conduce a su Hijo.
b) Desarrollo de una visión cristiana de la realidad del entorno que les permita leer e interpretar los datos de la ciencia y de la cultura desde claves evangélicas, haciendo síntesis entre fe-cultura, cultura—fe.
c) Desarrollo de la capacidad de compromiso cristiano con las realidades sociales, y de compartir la experiencia religiosa comunitaria a través de los sacramentos y de otras celebraciones litúrgicas. Desarrollo de la conciencia de pertenencia a la comunidad parroquial correspondiente.